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Si buscas una guía práctica sobre cómo cumplir la normativa de bolardos en España y qué tener en cuenta para instalarlos con garantías, estás en el lugar correcto.
Ya hemos hablado en nuestro blog sobre qué son los bolardos y sus principales usos. Desde Fixer queremos ir un paso más allá y explicarte con detalle la normativa vigente, los requisitos de instalación y todo lo que debes tener en cuenta antes de colocarlos en la vía pública o en accesos privados.
En España, el marco estatal que define las condiciones básicas en el espacio público es la Orden TMA/851/2021, de 23 de julio (entrada en vigor: 02/01/2022), que derogó la Orden VIV/561/2010 y aprobó el documento técnico de accesibilidad aplicable a elementos como los bolardos.
En España, los bolardos están regulados por una normativa estatal que marca unas condiciones mínimas de diseño, colocación y accesibilidad. Estos criterios son obligatorios en todo el territorio y los ayuntamientos, además, pueden añadir requisitos propios en sus ordenanzas municipales.
La normativa establece que los bolardos deben colocarse siempre alineados, nunca de forma aislada ni en zig-zag. Su altura debe situarse entre 75 cm y 1 metro, con un diámetro mínimo de 10 cm, y siempre con una geometría redondeada para evitar aristas peligrosas.
Otro punto clave es la visibilidad: el bolardo debe destacar frente al pavimento, al menos en su parte superior, y contar con algún sistema que garantice que se vea de noche, como franjas reflectantes o iluminación auxiliar.
En cuanto a la accesibilidad, la norma exige que en calles y aceras se mantenga un paso libre de al menos 1,80 metros de anchura y 2,20 metros de altura. Esto significa que la colocación de bolardos nunca puede reducir la anchura mínima necesaria para garantizar un tránsito peatonal cómodo y accesible.
Por último, conviene tener en cuenta que la regulación más reciente amplió ligeramente el rango de altura permitido (antes llegaba solo hasta 90 cm).
A la hora de instalar bolardos no basta con elegir el modelo adecuado; también es fundamental cumplir con unas condiciones técnicas que garanticen tanto la seguridad como la durabilidad.
En primer lugar, la altura estándar recomendada se mueve entre los 80 y 100 cm, lo que asegura que sean visibles para conductores y peatones sin convertirse en un obstáculo excesivo. El diámetro mínimo de 10 cm también es importante para que ofrezcan resistencia sin invadir demasiado espacio en la acera.
Otro aspecto clave es la separación entre bolardos. Aunque la normativa estatal no fija una distancia concreta, en la práctica se recomienda dejar un paso libre de entre 1,20 y 1,50 m para permitir el acceso de peatones, personas en silla de ruedas o carritos de bebé, pero sin dar cabida al paso de vehículos no autorizados.
En cuanto a los materiales, los más habituales son el acero galvanizado, la fundición, el hormigón o el caucho reforzado. Cada uno responde a necesidades distintas: el acero y la fundición ofrecen resistencia y durabilidad, mientras que el caucho es flexible y pensado para minimizar daños en caso de impacto.
Finalmente, no debe olvidarse la señalización complementaria. En determinados entornos —como zonas peatonales o carriles bici— puede ser necesario reforzar la visibilidad con pintura reflectante o balizas, especialmente en áreas de baja iluminación.
La instalación de bolardos no es algo que pueda hacerse de manera libre. Al tratarse de elementos que se colocan en la vía pública o en su entorno inmediato, la competencia recae en los ayuntamientos. Son ellos los que regulan, autorizan y supervisan dónde y cómo se pueden instalar.
En el caso de espacios públicos, como calles, plazas, carriles bici o aceras, siempre es necesario solicitar permiso municipal. Normalmente se tramita a través del área de urbanismo o movilidad del consistorio, que valorará si la colocación cumple con la normativa vigente y con las ordenanzas locales.
Cuando se trata de propiedades privadas, como entradas de garaje o accesos a recintos particulares, la situación puede variar. Si el bolardo se coloca en el interior de la parcela no suele requerir autorización, pero si afecta al espacio público —aunque sea la acera— también será necesario contar con el visto bueno del ayuntamiento.
Por tanto, antes de instalar cualquier bolardo conviene consultar la normativa municipal específica y, en caso de duda, solicitar información directamente al consistorio para evitar sanciones o la obligación de retirar la instalación.
Antes de instalar bolardos conviene analizar el entorno: en zonas urbanas suele primar la estética y la accesibilidad, mientras que en áreas industriales se busca resistencia.
Es importante priorizar la seguridad y la visibilidad, optando por modelos con colores contrastados o bandas reflectantes. También merece la pena pensar en el mantenimiento: los bolardos fijos son muy resistentes, pero los abatibles o extraíbles resultan más prácticos en accesos donde se necesite abrir paso de forma ocasional.
En la práctica, los usos más comunes son la delimitación de zonas peatonales, la protección de entradas de garaje, topes para parkings y el control de cargas y descargas o la seguridad en carriles bici.
Los bolardos son esenciales para ordenar accesos, proteger zonas peatonales y reforzar la seguridad en la ciudad. Colocarlos siguiendo la normativa es la mejor forma de garantizar su eficacia y evitar problemas de accesibilidad.
En Fixer encontrarás bolardos y otros elementos de señalización vial pensados para cumplir con la normativa y adaptarse a diferentes entornos. Si necesitas asesoramiento o un presupuesto, estamos aquí para ayudarte.
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